El impacto de la COVID-19 en la ciencia

Autor: 
2020 / 05 / 18

Autoras: Silvia Ponce, Carolina Huerta y Karen Iparraguirre, investigadoras del Centro de Estudios Ambientales (CEA)

En situaciones normales, un científico lleva a cabo su pasión —la producción de conocimiento— mediante el desarrollo de proyectos de investigación en los que pueda colaborar y establecer nexos con otros investigadores del mundo. Además, a partir de esta producción de conocimiento, colabora en la formación de estudiantes y futuros investigadores. De esta manera, el investigador logra aprender un poco más sobre el tema elegido como especialidad y compartirlo en presentaciones, eventos científicos, publicaciones o patentes, entre otros productos científicos. Para que se dé este ciclo, se utilizan los fondos obtenidos para cada proyecto.

Muchos investigadores trabajan habitualmente en investigaciones que involucran seres vivos, y otros se enfocan en temas relacionados con eventos naturales que ocurren, en algunos casos, una vez al año. Sus proyectos de investigación implican, por ejemplo, el florecimiento de determinadas plantas en estudio, el crecimiento de animales, la recolección de frutos, el avistamiento de aves, la aparición de un fenómeno natural, etcétera. Estos eventos deben ser documentados y analizados por los investigadores; sin embargo, debido a la pandemia que estamos enfrentando y a la cuarentena en la que debemos mantenernos para protegernos, estas tareas no podrán ser parte de los proyectos que mencionamos.

En estos casos, no solo los investigadores docentes se ven afectados, sino también los estudiantes que trabajan con ellos. Cuando un investigador principal postula a la subvención de un proyecto, generalmente una parte de los fondos está destinada a la formación de tesistas de pregrado y posgrado. Existe, además, un cronograma de productos o entregables cuyas fechas deben respetarse. La suspensión de actividades que ha originado la COVID-19 condiciona la posibilidad de cumplir con estas obligaciones. Esta situación impediría a los estudiantes concluir sus tesis porque no se pudieron recolectar los datos a tiempo, y pondría en peligro la ejecución del proyecto.

Pero no todo son malas noticias. Muchos investigadores han reorientado sus trabajos con el objetivo de ayudar en el desarrollo de aplicaciones biomédicas. Así, hemos podido ver diversas propuestas desde el punto de vista de la ingeniería, como ventiladores mecánicos, equipos de protección personal, soluciones digitales, sistemas de detección de la enfermedad, tratamientos, estudios de genómica, etcétera; propuestas que contribuyen en gran escala a encontrar una cura y controlar la pandemia.

El impacto de la COVID-19 es grande en todo sentido y nos obliga a cambiar la forma de vida que llevábamos. Es necesario implementar estos cambios también en nuestras instituciones; por ejemplo, mantener la distancia física entre nosotros. Por ello, algunos investigadores están planteando establecer turnos de trabajo dentro de los laboratorios de investigación cuando se levante la cuarentena, a fin de continuar con los proyectos en curso.

Durante este tiempo, en el que no es posible acceder a laboratorios ni pruebas experimentales, las reuniones virtuales se han convertido en una herramienta para evaluar los avances y organizar las tareas pendientes de los proyectos. Por lo general, no hay tiempo para sentarse a revisar los resultados, pero la cuarentena está dando la oportunidad de organizar datos y, sobre todo, leer y escribir sobre ellos. Por este motivo, las editoriales tienen actualmente una sobrecarga en la revisión de los artículos científicos que les envían los investigadores.

La ciencia es una actividad creativa, y la creatividad exige no solo hallar soluciones nuevas a viejos problemas, sino encontrar soluciones y opciones de investigación en tiempos de crisis. La comunidad académica lo está logrando.

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