13 of January of 2016

Tributarista de corazón

Marysol León (Contabilidad) dirige su propia empresa de consultoría tributaria, Quantum.

Cuando Marysol León ingresó a la Universidad de Lima a estudiar Contabilidad, realmente no estaba convencida de su vocación. Entre dudas y preocupaciones, llegó al séptimo ciclo, y fue ahí que vio la luz. El curso de Tributación llenó todas sus expectativas y más. Luego llevó las clases de los profesores Víctor Vargas Calderón, Manuel Luna Victoria Sánchez y Orlando Osorio y su motivación fue completa.

Hoy dirige su propia empresa de consultoría tributaria, Quantum, es profesora en la Universidad de Lima y se siente feliz de orientar a las empresas y, de ser el caso, ayudarlas a no pagar los impuestos que no les corresponden.

¿Te sigue apasionando el tema de tributación?
Por supuesto. Mi tema de tesis tenía que ver con la fiscalización para un sector altamente informal, el transporte urbano de pasajeros. Sustenté y la evaluación salió muy buena.

¿Luego en qué trabajaste?
Fui contadora en varias empresas hasta que entré de lleno al área tributaria. Me invitaron a participar en el gremio profesional del Colegio de Contadores Públicos de Lima y seguí un curso de especialización en tributación. Trabajaba en paralelo en auditorías, en la Sociedad de Auditoría, y me nombraron directora de Normas Legales y Tributarias.

Llegaste a ser vocal del Tribunal Fiscal.
Ese fue un espaldarazo que recibí en 1999. El Tribunal Fiscal es un órgano que recibe las apelaciones de los contribuyentes cuando entran en proceso de fiscalización por parte de la Sunat. El Tribunal Fiscal es una instancia que puede resolver esos casos. Ahí estuve hasta el 2002. Fue un cargo de mucha responsabilidad, tenía rango de viceministro.

Habría mucha presión también.
Mucha presión, pero técnicamente hablando, fue una experiencia espectacular. Era una especie de juez entre la administración tributaria y los contribuyentes, había que resolver quién tenía la razón. Me apasionaba impartir justicia a nivel tributario, eso es algo que siempre me motivó. Siento que en este tema ayudamos mucho a que exista un equilibrio entre la administración tributaria, que no puede excederse ni ser abusiva, y un contribuyente que paga correctamente los impuestos que le tocan.

¿Y cómo te va con la docencia?
En el año 2000, el profesor Víctor Vargas me invitó a ser jefa de práctica de Tribunal de Fiscalización, ahí ingresé a la parte académica. Después me invitaron a dictar la cátedra, y en paralelo hacía un posgrado en Tributación. Salí del Tribunal Fiscal en el 2002 y reinicié mi trabajo en el sector privado, como consultora independiente. No tenía intenciones de entrar a una empresa. Ahí salió a relucir mi deseo de tener una consultora, pero no me animaba a crear una empresa por la cantidad de obstáculos que creía que no iba a poder vencer, como burocracia, licencia de funcionamiento, planilla, costos laborales, etcétera. Abrir empresa en el Perú no es sencillo.

¿Cuánto tiempo estuviste como consultora independiente?
Entre dos y tres años. Hice una cartera interesante, me iba bien. Podía haberme quedado ahí, pero atendí a un cliente al que le hice ganar un caso de conflicto con la Sunat, que ya estaba en apelación, le ayudé a presentar sus descargos, porque había una interpretación incorrecta. Le cobré honorario de éxito sobre el importe en juego que estaba defendiéndose ante la Sunat, se trataba de algunos millones de soles, y sobre el monto que no pagó cobré un honorario. Ese es más o menos el estilo en estos servicios. A mi cliente le pareció muy interesante este sistema y me animó a poner una empresa, me dijo que para las empresas es fácil caer en el error, porque la legislación es muy complicada. Me propuso ser un inversionista en este negocio, así que abrimos la empresa y fuimos socios durante tres años. Todo salió bien. Seguí un Curso para Propietarios de Empresas y la empresa tomó buen rumbo, luego le compré sus acciones a mi socio.

¿Ya para entonces te iba muy bien?
Sí, pero quedé muy agradecida con mi socio, porque fue como un ángel que apareció en mi carrera y me motivó a dar un salto. En el 2012 lo volví a encontrar, después de mucho tiempo, y hubo un flechazo… y ahora es mi esposo.

¿Cómo?
(Risas.) Así es. Reiniciamos el contacto y no nos dejamos hasta el día de hoy. Vio a su “hijo” Quantum empezar de cero y de pronto ya tenía más colaboradores, más clientes atendidos, empresas de primer nivel. Es que mi empresa poco a poco se fue haciendo conocida en el área tributaria, porque ofrecemos un servicio de excelencia, hemos ayudado a muchas empresas a no pagar impuestos que no les correspondían, todo dentro de la ley. Nuestra cartera está compuesta por varias empresas del Estado y otras del sector privado de diferentes rubros, financiero, servicios, eléctrico, comercial, construcción, minero, etcétera. Empezamos 3 personas en el 2005: mi secretaria, un auditor —mi primo hermano, quien me acompaña hasta hoy— y yo. Mi secretaria es ahora mi jefa de Administración, y somos 60 colaboradores, entre auditores, contadores, abogados y personal de la parte administrativa. Somos 45 mujeres.

¿Por algún motivo especial?
No. Conforme íbamos creciendo, incorporé un procedimiento de reclutamiento de personal y, según este, las que aprobaban eran las mujeres, pero la convocatoria siempre ha sido abierta. Por otro lado, ahora tengo una socia, también mujer. La incorporé en el 2013, a raíz de que postulamos a la representación internacional de Morison International, con sede en Londres. Desde entonces hemos ampliado los servicios, ahora vemos también gestión contable, auditoría financiera, etcétera.

¿Qué nos podrías comentar sobre el premio al emprendimiento que recibiste en Turquía?
Ah, es que soy miembro del Comité Tributario de la Cámara de Comercio de Lima (CCL). La CCL es miembro de todas las cámaras de comercio del mundo y, todos los años, cada cámara postula a una mujer empresaria al International Women's Entrepreneurial Challenge (IWEC). En el 2015 se llevó a cabo en Estambul, Turquía, y fuimos premiadas 30 mujeres empresarias de todo el mundo. Llevé a mi mamá, le dediqué el premio porque mis padres me transmitieron sus valores, esas ganas de ayudar, de tener presente que uno da sin esperar nada a cambio, y me ha funcionado mucho, he prestado servicios profesionales, pensando en ayudar a los clientes.

Tus clientes notan esa vocación.
¡Sí, porque me llaman hasta los domingos! Es que un problema tributario genera un estrés enorme. Pero volviendo al tema del premio, fue muy bonito y alentador, porque no todas las cosas son sencillas, los costos laborales son altos y estar dentro de la formalidad obliga a desplegar un esfuerzo muy grande. Felizmente, en la oficina tenemos un clima laboral muy bueno, lo evaluamos cada año y el nivel de satisfacción de los colaboradores es muy alto, la rotación es baja. Tenemos un sistema de carrera profesional en el que todos, aun empezando de asistentes, tienen la opción de hacer carrera y llegar a ser jefes o gerentes. Tenemos evaluaciones de desempeño trimestrales o cuatrimestrales, y los resultados objetivos llevan a hacer promociones, incrementos de sueldo, etcétera.

¿Cómo te ha ido este año, empresarialmente hablando?
Voy a cerrar un año superbueno en todo sentido, que culmina con la graduación de mi hija en la Universidad de Lima. Ella estudió Marketing, está feliz y emocionada. Me siento orgullosísima de ella.