12 of February of 2020

“Los gobiernos deberían preocuparse prioritariamente de incrementar la productividad”

Ricardo Nieva Chávez, doctor en Economía por la Universidad de Minnesota, Estados Unidos, y docente de la Carrera de Economía de la Universidad de Lima, ha realizado un estudio titulado “Corrupción y paradojas en alianzas”, que ha sido indexado en prestigiosas revistas como Economics of Governance, una de las mejores en economía pública. Conversamos sobre su más reciente investigación, que ha sido vista y comentada por reconocidos académicos —algunos de ellos, premios Nobel— y que analiza la corrupción desde la perspectiva de la productividad.

Actualmente, el enfoque principal en el tema de corrupción está centrado en las instituciones políticas, pero su investigación, sin dejar de lado ese tema, se fija más en la productividad.
Las coaliciones de corruptos implican exclusión de alguien, generando así también desigualdad. Se reparten el “botín” entre ellos, solamente. Si eres productivo entonces puedes añadir algo a la coalición, y si eres más productivo, aun llega un momento en que es hasta beneficioso no excluir a nadie. Por ejemplo, supongamos que un político tiene el poder de asignar la propiedad de una parcela de tierra entre dos campesinos y tiene el mandato de que, incluido él, todos obtengan la misma cantidad del producto de la tierra. En este ejemplo, el político no sabe trabajar con la tierra y el campesino tiene los derechos de propiedad del producto de la tierra. Finalmente, lo máximo que produce esa parcela es una unidad con un campesino; digamos que por congestión el segundo campesino no añade nada. La teoría de negociaciones nos dice que el político se coludirá con uno de los dos campesinos y este le dará la mitad del producto al primero; o sea, se forma la coalición con el mayor producto per capita.

¿De qué manera la productividad haría que la corrupción disminuya o desaparezca?
La corrupción puede disminuir, pero no creo que pueda desaparecer, ya que hay problemas de información en los cuales no me enfoco en mi artículo. Pero supongamos que un segundo campesino es lo suficientemente productivo porque sabe de fertilizantes, y si es incluido en la coalición ahora se producen tres unidades de producto. La teoría de negociaciones nos dice que cada uno con una unidad de producto en la coalición de todos es una mejor opción que una coalición de dos corruptos que solo obtendrían la mitad cada uno. Todos ganan con el acuerdo y ganan menos con el desacuerdo que implicaría la exclusión de uno de los campesinos.

¿Su investigación presenta otras variantes?
Una implicación dramática es que por debajo de un umbral hay corrupción y las instituciones no funcionan bien, y, por encima, pues el paraíso. Más importante aún, esto es consistente con lo que se encuentra en los datos donde a menor productividad mayor corrupción, más conflicto y más desigualdad. Hay conflicto porque el desacuerdo en mi teoría implica conflicto. Hay muchísimas aplicaciones, porque mi teoría es sobre los fundamentos de las instituciones, que según el paradigma actual son claves para el crecimiento, por ejemplo. Por otro lado, mi marco teórico da un primer paso para tratar de responder en qué condiciones se puede deponer a los corruptos.

¿Qué fue lo que lo llevó a investigar este tema?
Siempre me interesó saber cuáles eran los orígenes de la propiedad privada. Ante la burbuja de las puntocoms de los años 90 y la posibilidad de comprar acciones de oro en el 2001 frente a la crisis mundial que David Falkenstein —un ingeniero salvadoreño de Cornell que conocí durante mi doctorado en Minnesota— y yo anticipábamos, me intrigaba su razón de ser. ¿Por qué los títulos de propiedad de las empresas de internet aumentaban de valor? Estos son papeles, al fin y al cabo, como el dinero, pero el dinero es una institución. Mi tesis fue sobre economía laboral y ciclos económicos, pero rápidamente cambié a teoría de instituciones después de escuchar las clases del profesor Kocherlakota en Minnesota sobre teoría monetaria. Me dije a mí mismo: ahí está el origen de todo.

Antes de ir a Minnesota tuvo como profesor a Javier Iguíñiz. ¿Cómo fue la relación con él?
Creo que ahí nació la inspiración, pues él nos explicaba que el economista David Ricardo asumía la propiedad privada, inclusive me acuerdo de que nos leía pasajes de un texto en donde hasta parecía que David Ricardo pensaba que la propiedad privada era natural. Excelente profesor, ¡qué envidia sana!

Leonid Hurwicz, economista, matemático y premio Nobel 2007 en ciencias económicas, también fue profesor suyo. ¿Cómo describe esa experiencia?
Fascinante. Recuerdo que yo tenía un ejemplo sobre leones peleándose sobre una presa y fui donde Marcel Richter, un profesor del MIT en la Universidad de Minnesota, y me dijo: “Anda urgente a hablar con Leo”. Hurwicz me preguntó si conocía el bargaining set y, como no sabía de eso, comencé a profundizar en teoría de juegos, que es lo que uso en mi artículo. Luego llegué a ser su asistente de docencia.

¿Hurwicz pudo ver su investigación?
Los inicios. Cuando llegué con el ejemplo de la corrupción, me dijo: “Soy parcialmente responsable de haber hecho creer a la gente de que este problema tenía solución”. Es que él creía que un círculo de políticos, en donde el primero cuida al segundo, este a otro y el último al primero, resolvía el problema. Pero no se percató de que dos de ellos se podían coludir. Me dijo que nunca me diera por vencido. Por motivos ajenos, me retiré de la academia por muchos años. Leí en su Nobel lecture que él seguía optimista de que hubiese algún político bueno. Lamentablemente, falleció durante mi alejamiento de la academia. Me dijo que buscara las condiciones en las cuales un político bueno fuera necesario. El problema era complejísimo, porque se juntan en la explicación literaturas económicas densas de distinto tipo. Pero, ahora que he vuelto, ya sé la respuesta: es la baja productividad.

¿Qué otros notables del mundo de la economía han podido ver su trabajo?
De entre los Nobel, Roger Myerson, quien aceptó dos de mis artículos para los Econometric Society Meetings del 2003. Le acabo de comunicar mi resultado general y me respondió a las pocas horas enfatizando la importancia del tema. Nunca olvidaré cuando en la conferencia, con lápiz en mano, chequeaba si mi ejemplo era correcto y hasta le vi comentando a famosos profesores por qué era importante el resultado. En el Festival de Teoría de Juegos en Stony Brook del 2004, Robert Aumann me preguntó algo matemático sobre el político. A John Nash más le interesó el modelo de negociaciones de coaliciones que utilizaba, que es algo que estoy comenzando a retomar. Maskin también supo de mi investigación. Con respecto a otros profesores, también vio mi trabajo Acemoglu, una autoridad sobre el tema: tuve que citar diez de sus artículos. Ken Binmore también lo vio; según Hurwicz, se trata del mejor economista de la actualidad, idea que comparto.

¿Qué países han conseguido poner en práctica esta fórmula? Es decir, ¿en qué países la corrupción es menor porque la productividad es mayor?
Excelente pregunta. Son problemas dinámicos y ando estudiando eso, pero quisiera reservarme la posible respuesta, vivo de eso... Pero la correlación está ahí, países con mayor productividad son menos corruptos, menos desiguales y menos conflictivos. Doy una explicación estática a esa correlación. Voy a responder con algo que escuché decir a Hernando de Soto, muy admirado por Myerson. De Soto acota que en Estados Unidos también había corrupción como en el Perú, pero que en un momento dado hubo una revolución anticorrupción y aparecieron las prohibiciones a los oligopolios. Si eso es cierto, es probable que primero haya sido la productividad y luego las instituciones... Pero quiero enfatizar que me quisiera negar a conjeturar sin tener un modelo matemático a la mano. Trato de ser un científico social que busca la verdad con rigor científico.

¿Se puede saber al menos si estos países que han logrado llegar donde llegaron se preocuparon primero de aquellos factores que incrementan la productividad de la persona o de la corrupción?
Lo que puedo decir con base en mi artículo es lo siguiente, sin ningún afán político: con el poquísimo capital político que tengamos, hay que enfocarse, más que solamente en una reforma educativa, en cosas que aumenten la productividad. Ahora, si la implementación de eso es factible o no, también lo estoy estudiando. Ayuda entender cómo con un convenio entre un país con alta productividad y otro país con baja productividad se pudieron sacar los Panamericanos adelante. Esa posibilidad se desprende directamente de mi artículo.

¿Las instituciones en estos países y sus maneras de proceder están enfocadas en hacer crecer más la productividad?
Así es, por encima del umbral las instituciones son efectivas. Myerson una vez me dijo: “Dame un solo político bueno y yo te resuelvo cualquier problema”.

Entre un político honrado y una productividad alta, ¿cuál es la mejor solución?
La productividad.

¿Qué habría que hacer para mejorar esa productividad en el país?
Pondré un ejemplo que se me viene a la cabeza. Yo les daría un sueldo de 7.000 soles a los directores de colegios públicos y los postulantes podrían ser solo matemáticos o ingenieros. Habría que elaborar una prueba de rendimiento para los alumnos. El puesto sería renovable dependiendo de los resultados en pruebas. Más que inmiscuirme en lo que hacen las escuelas, dejaría que la creatividad de los matemáticos florezca para buscar la excelencia. Los colegios privados tendrían que competir o morir. Por otro lado, Hernando de Soto defiende la política de títulos de propiedad para acabar con la informalidad que dificulta la valorización del colateral. Lo interesante es que él quiere traducir los títulos informales que ya existen en el Perú profundo para llevarlos al mundo. Solo se necesita un decodificador, no un político o un guardián. Es interesante, ¿verdad? Ideas parecidas aplicadas al sector minero. La propiedad es lo clave, sobre eso precisamente trata mi artículo, que incluso presume haber explicado la tragedia de los países con recursos naturales. En conclusión, con el poco capital político hay que diseñar incentivos para hacer que las personas sean más independientes y, ellas mismas, empoderadas; luego demandarán más de lo mismo. En otras palabras, más competencia, como la que trajo Gareca al seleccionado peruano.

¿En qué deberían enfocarse los candidatos a las elecciones presidenciales del 2021?
Ya en el plano de las conjeturas, y viendo lo crítico del caso peruano, diré que primero se debería aceptar el problema. Reparemos en que, en el ejemplo, el político puede cambiar de campesino. Parecería que en el Perú siempre los campesinos han rotado. Y no es que el corrupto sea el malo y el otro el bueno, porque si uno quiere ser bueno el otro se colude con el político. Todas las divisiones se deberían acabar. Es decepcionante y triste ver a muchas personas odiándose todo el día cuando ninguno tiene la razón, al menos a la luz de estos resultados. Yo me refugio en mis modelos matemáticos. La tecnología avanza muy rápido y no podemos quedar rezagados. Una vez que ocurra la pacificación, es obvio que tienen que enfocarse en el problema de la productividad. El Perú tiene que reaccionar. Si queremos ser un país desarrollado, sea cual fuera el partido político que gane, los gobiernos deberían preocuparse prioritariamente de incrementar la productividad. Definiendo como productividad mayor producto por persona, o sea, que cada persona sea capaz de generar más riqueza, más valor. Nadie dice que no sea importante el cultivo de los valores, eso está bien, pero la preocupación principal debe estar en la productividad.